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Las fases del duelo en una ruptura sentimental

CUANDO EL DOLOR NO TE DEJA VIVIR
Cuando llega una ruptura amorosa llega uno de los momentos más difíciles a los que se puede enfrentar una persona. Por supuesto, hay situaciones más amargas aún, muchísimo más duras. Pero ésto no anula ese dolor que lo impregna todo.  Y vemos que la persona que más amamos prefiere, además de dejar de amarnos, amar a otra persona. Y duele aún más saber que el intruso o la intrusa ha vuelto loco de amor a nuestra pareja.

La vida pierde su sentido. Estamos incompletos, nos falta el aire, el estómago no acepta ni agua… Y el miedo a un futuro oscuro se añade a un dolor inmenso. La tristeza nos consume poco a poco. Esto, en el mejor de los casos. Porque cuando hay hijos, cuándo no sabes como vas a alimentarlos, las expectativas son aún más negras.

Si estás pasando por uno de estos momentos, te parecerá que es imposible vivir con alegría de nuevo. Todo ésto duele, duele mucho. Pero el tiempo, y una actitud apropiada, van a terminar por poner a cada cual en el sitio que le corresponde.

Vamos a ver si conseguimos, lo antes posible, «curar la pupa». Que no duela tanto para, al final, no acordarnos ni de la cicatriz. Al final, se sale de todo (menos de una cosa) si te lo propones, te lo garantizo.

La mente se convierte en tu verdugo. Te hace culpable de lo ocurrido, te recuerda que eso momentos tan tiernos ya no volverán, rebobinas con presuntos indicios que confirman lo que ha pasado, te juzgas a ti, juzgas al otro, juzgas a tu dios… ¿Por qué me ha pasado ésto a mi si me entregué con toda el alma? Veamos cómo funciona un proceso de ruptura. Este proceso, aunque es duro, debe pasarse de la mejor manera posible. Es más, es prácticamente imposible superar una ruptura sentimental sin pasar por un proceso tan definido como necesario.

EL DUELO
Es un proceso que se compone de varias etapas y que aparece tras una pérdida, una muerte, un abandono o una ausencia. Aunque cada cual lo pasa a su modo, lo más habitual es que, como te he comentado, aparezca el miedo, el dolor y una tristeza que te acompañarán a todas partes. Además, la ansiedad suele castigar por igual a tu mente y a tu cuerpo.

Es un proceso de cicatrización de una gran herida que se compone (el proceso) de varias fases:

LA NEGACIÓN. Al principio no te lo crees, te preguntas cómo te ha podido pasar a ti. Y más si todo parecía funcionar de maravilla. Pero aún cuando lo vieras venir, aún cuando sospecharas alguna cosa, no podrás evitar la incredulidad. Esta fase, la negación, es necesaria porque aún no se está preparado para digerir la realidad. Es algo así como posponer la dura verdad para más adelante. Pero es una fase de la que hay que salir para entrar en la siguiente.

RABIA. Uno se cabrea con la situación, con la injusticia, con ese dios que nos protege, con la vida. Todo se vuelve injusto, sólo logran cosas quienes actúan con maldad. También es una etapa necesaria para que, al final, reaccionemos, salgamos del oscuro abismo corriendo con un machete (virtual) en la boca dispuestos a encontrar nuestro sitio en este mundo. ¡Que se habrá creído! Mi felicidad no depende de nadie y me la voy a crear yo mismo. Esta fase de ira es necesaria porque si se nos queda dentro, la herida no se va a curar. Grita, llora, habla con alguien, corre hasta el agotamiento, haz lo que sea con tal de que esa rabia no acabe contenida en tu interior y te haga más daño.

Hay que pasar a la siguiente fase.

NEGOCIACIÓN. Una vez sacada la mayor parte de la rabia que nos quedaba dentro, entraremos en una fase en la que debemos pensar en cómo vamos a salir de la situación. Podemos pensar, a ratos, en cómo recuperar a la persona que nos ha abandonado. Podemos hablar con nuestros mejores amigos a ver que opinan. Debemos dejar trabajar al subconsciente, esperar a tenerlo más claro, esperar a que la niebla se disipe para poder ver las cosas más claras.

No obstante, pensar y pensar puede acabar con tus fuerzas. Y lo ideal, que no siempre es lo que se busca, es ver las cosas tal y como son; y eso da pánico. Pero aún no estamos preparados para digerirlo todo, tenemos que seguir.

DEPRESIÓN. Esta fase viene acompañada de otros sentimientos. Por ejemplo, el miedo a no saber vivir sin la persona que nos ha abandonado. O la ansiedad por no saber gestionar ni este miedo ni la situación que nos ha quedado. La tristeza sigue con uno desde el principio. Esta vida no tiene sentido, se ha cebado en mi. Pero ya abandonadas las fases anteriores, y aunque podamos pensar que el mundo es un infierno, ya estamos preparados para salir del pozo en el que hemos caído.

ACEPTACIÓN. No hay más opción que aceptar, por fin, la realidad. Si esa persona no nos quiere, pues no nos quiere. Y punto. Y no podemos hacer nada para cambiar sus sentimientos. El sentimiento de amor no se crea de forma voluntaria. Piénsalo al revés y verás que si alguien te dice «necesito que te enamores de mi para esta tarde» y la persona ni te va ni te viene, tú no vas a enamorarte y el pretendiente se va a quedar sin tu amor, por mucho esfuerzo que le pongáis los dos. Por mucho dolor que eso le cause al otro.

Y si nos quiere pero nos hace sufrir, es mejor aplicar la famosa frase de Molière: «si ésta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis».

Al final, aceptando la realidad (proceso al que habremos llegado después de pasar por todas las fases anteriores) llegaremos a la conclusión de que en el mundo hay millones de personas y que es prácticamente imposible no encontrar una que nos haga incluso más feliz que la insensata que no ha sabido apreciar nuestro amor.

Y da igual lo que decidamos. Porque si hemos llegado al punto de entender y aceptar la realidad, quizás nos sea más cómodo plantearnos una temporadita en solitario. Quizás hayamos descubierto que lo que había no era amor sino una dependencia enfermiza. El caso es que podemos tomar el timón de nuestra vida para, finalmente, cerrar la gran herida.

SI NO LLEGAS A LA FASE DE ACEPTACIÓN de la realidad, tu vida será un tiovivo que te mareará contínuamente y del que no sabrás bajarte. Las cosas son como son, no como queremos que sean. Si puedes cambiar las cosas, cámbialas. Puedes intentarlo. Puedes intentar aguantar con la cabeza metida en un cubo de agua 20 minutos. La realidad es que eso no es posible. Pero si te empeñas en no aceptarlo, tu corta vida va a ser un infierno. ¡Aléjate de ese cubo y disfruta de este mundo que tantas cosas maravillosas tiene guardadas para ti.

Así que, si no puedes cambiar las cosas, adáptate a ellas o cambia de cosas. Es más inteligente aceptar la realidad que intentar derribar un muro a cabezazos. Seamos prácticos y no nos castiguemos sin necesidad.

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Fotos:
1.- «_DSC3571» by martinwcox is licensed under CC BY 2.0

2.- «Ana y sergio (541 de 413)» by J Cristian R is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

3.- «Principio.» by Nick Fuentes is licensed under CC BY-NC-SA 2.0

4.- «jumping in chicago!» by Tricia Wang 王圣捷 is licensed under CC BY-NC-SA 2.0