Los adolescentes, ¿las prefieren morenas, rubias o profesionales?

Sea por lo que sea, o porque, a pesar de la crisis, los adolescentes han tenido una vida muy fácil, dónde han obtenido lo que han querido con el simple hecho de exigirlo a sus padres, o porque ven a la mujer de forma tan distinta a como la veían nuestros abuelos (misteriosas, inalcanzables, difíciles, protegidas por sus padres), o porque no están para perder el tiempo, son cada vez más los adolescentes que optan por dejar de lado los ligues y acudir directamente a los servicios de las profesionales del sexo.

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Los adolescentes las prefieren prostitutas.
Efectivamente, se ha detectado un cambio radical en el comportamiento de los adolescentes respecto a las mujeres. Hoy no se preguntan si las quieren rubias o morenas: las prefieren prostitutas. Y, según ellos, tienen sus motivos. Y el primero es que muchos, cuando salen a ligar, tienen como principal (por no decir único) objetivo el mantener relaciones sexuales con una chica. Pero claro, a veces sueltan calabazas, otras no les sienta bien lo que les dices o cómo actúas y, al final, todo lo que se sueña se convierte en una frustración un día tras otro.

Éxito asegurado.
Sin embargo, ese objetivo está garantizado de antemano si se acude a los servicios de una profesional del sexo. Muchos jóvenes ven una pérdida de tiempo el hecho de cortejar a una chica (¡incluso durante varios días!) para lograr su objetivo: llevarla a la cama. Y florece una irritación insoportable cuando no se logra ese objetivo después de los esfuerzos y delicadezas e incluso gastos preliminares. Todo fácil, rápido y seguro.

Sin esfuerzos ni contemplaciones.
Esta opción permite evitar, en primer lugar, la incertidumbre de si uno será un triunfador durante la noche del sábado o si se irá a casa derrotado, ¡una vez más! Ahora, el éxito, está garantizado. Pero, además, sin esfuerzos, sin esperas, sin la necesidad de ser ni cortés ni adivino. A veces se trabaja mucho para, al final, nada de nada. Y eso no se soporta en muchos adolescentes modernos. Tal vez la culpa la tenga una sociedad que ha pasado del hambre a la sobreabundancia. A muchos niños les ha bastado pedir por su boquita para que sus peticiones se hicieran realidad de inmediato. Tal vez, o tal vez no. Pienso que podría ser, pienso que puedo equivocarme al pensar eso.

Por otro lado, no hace falta esforzarse en hacer feliz a tu pareja. Uno va a su «bola», se concentra única y exclusivamente en su placer y, cuando éste ha finalizado, adiós muy buenas: igual vuelvo, igual me apetece una rubia mañana.

Las mujeres son cada vez más exigentes.
Aparte del amor, si el pretendiente tiene una buena posición económica, si procede de buena familia y si es el más guapo de la clase, mucho mejor. A igual amor, mejor si viene con algunos complementos, que eso no amarga a nadie.

«Malos rollos».
Las relaciones de pareja conllevan ciertos inconvenientes que no existen con esta nueva «moda». No hay peleas, reglas, obligaciones, horarios, suegros, etc. No hay que dar explicaciones a nadie. Si no se las dan a los padres, ¿quien puede exigírselas? Tampoco hay celos ni de un lado ni de otro. Tampoco hay que estar preocupado por la infidelidad ni el coqueteo excesivo del otro. Todo fluye como un riachuelo tranquilo.


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Libertad.
Otro factor a tener en cuenta es que la vida en pareja acota un poco la libertad individual. En muchos casos es imposible invitar a los amigos a casa a ver un partido de fútbol con el placer añadido de dejarlo todo hecho unos zorros, con las latas de cerveza goteando sobre la alfombra. Tampoco nadie pondrá mala cara si uno llega a casa tarde o si se pasa el fin de semana buscando setas por el monte. Se puede ir al cine a ver la misma película 500 veces y no pasará otra cosa que tener que soportar la mirada burlona del taquillero de turno. Y si se echa de menos el calor de una mujer, con comprobar que se tienen unos pocos euros en el bolsillo, basta.

Variedad.
En la variedad está el gusto, dicen por ahí. Y no solo por el hecho de poder elegir una mujer distinta cada día. Incluso se tiene la libertad de elegir a la misma de ayer. Pero una ventaja es que si hoy apetece una rubia, mañana, morena. Si la he encontrado bajita, mañana buscaré una jugadora de baloncesto. Si ahora brasileña, mañana rusa. Incluso con las razas: blancas, negras, chinas, mulatas. Todo esto es posible con esa nueva tendencia.

Fantasías eróticas.
Los jóvenes pueden exigir ciertos «servicios» que serían incapaces de proponer a una novia formal. Además, las profesionales transmitirán su experiencia en la cama al joven, que puede enriquecerse de nuevos estilos en los que jamás habría pensado. Es otro punto que tal vez debería estar contenido en el de «variedad».

Sale más económico.
Mirándolo muy fríamente, las prostitutas salen más económicas que una relación clásica: no hay regalos, llamadas, cenas, cines, tabaco, viajes, bodas, casas, niños… Esto, claro, si lo único que se busca en una mujer es el placer.

Y peligroso.
Si no se toman las precauciones adecuadas, emular a una abeja que va de flor en flor puede tener consecuencias fatales. Además de las enfermedades de transmisión sexual, eso de ir siempre con desconocidos puede hacernos topar con bandas que se dedican a más cosas. Y que se acabe presa de un ratero que ha puesto una hermosa mujer como cebo. Y, ya se sabe, quien no tiene escrúpulos para las cuestiones amorosas, posiblemente tampoco los tendrá por propinar una monumental paliza a cambio de un reloj.

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