Cómo poner límites a los hijos

Cómo poner límites a los hijos

A ser padres sólo se aprende siéndolo. Desafortunadamente, en el aprendizaje cometeremos errores. Pero el mismo aprendizaje nos irá dibujando el buen camino. Uno de los problemas que todo padre tiene que ir resolviendo a lo largo de varios años es la educación de los hijos. El objetivo es que éstos adopten buenos valores y sean respetuosos consigo mismo y con los demás, al mismo tiempo que consigan su autonomía personal. Supongo que hay algo más, pero hoy sólo hablaremos de los límites que hay que incorporar en los primeros años de sus vidas.

 


CÓMO PONER LÍMITES A LOS HIJOS

Los niños, cuando nacen, pocas cosas saben. Llegan a un mundo demasiado complicado, lleno de peligros, lleno de consecuencias. Sin nuestra ayuda, no pueden saber ni lo que está bien ni lo que está mal. Ni si lo que hacen tendrá buenas o malas consecuencias, o si será peligroso o no. Por tanto, los límites son necesarios para su educación y, en definitiva, por su bien (como se dice tan a menudo).

Y si haces con ellos cosas por su bien, ellos, al final, lo detectarán y lo agradecerán.

 


NORMAS Y LÍMITES EN LOS PRIMEROS AÑOS

Si en los primeros años de su vida hemos consentido que el niño haga todo cuanto se le antoje, luego será prácticamente imposible que se comporte como una persona educada cuando llegue a la adolescencia. No tolerará (o lo hará de muy mala gana) que nadie le diga lo que tiene que hacer. Y es porque no ha estado acostumbrado, ni siquiera contempla la posibilidad de que nadie estornude a su lado.

Ya, tan pronto como el niño pueda entenderlo, se le dirá con firmeza que no puede jugar con la pelota en el comedor. Ni gritar como un poseso. Iremos viendo cómo hacerlo.

 


COHERENCIA

Los niños son muy hábiles y detectan tus debilidades. Una vez detectadas, usarán todos sus medios para darte donde más te duele. Por otro lado, si se sienten confundidos, nunca sabrán lo que está bien o lo que está mal.

Por tanto, tienes que ser coherente en todo lo que hagas y digas. Si lo castigas sin jugar a la pelota un día entero porque ha roto un jarrón jugando en el comedor, mantente firme y que el castigo se cumpla. Si no lo haces, tu hijo no sabrá si está mal, muy mal, medio mal o medio bien jugar a la pelota dentro de casa.

Si quieres que tengan una habitación ordenada, mantén tus cosas en orden. Si fomentas un horario en las comidas, en el estudio y en el juego, que no te vean jugar con el teléfono en el sofá cuando ellos ya están sentados para comer.

Los hijos aprenden de lo que oyen y de lo que ven. Y si detectan incoherencias entre una cosa y otra, se confundirán y, lo más probable, optarán por lo peor.

Por eso, si el padre le dice que una cosa está bien y la madre que está mal, el hijo no sabrá por donde tirar. Una mente confundida no es lo que esperamos. Tampoco debe uno de los padres levantar el castigo que el otro ha impuesto o discutirlo delante del jovencito: detectará una debilidad que aprovechará.

 


NO DARLES FACILIDADES PARA LO MALO

Tampoco hay que complicar las cosas más de lo que ya lo son por sí mismas. El niño ya sabe complicarte la vida solo: no le ayudes en eso.

Por ejemplo, y siguiendo con el tema de la pelotita, no hace falta que la pelota esté en el comedor. Ni que sea capaz de alcanzar unas tijeras o el cuchillo del jamón. Protege también los enchufes para que no se entretenga metiendo los dedos en ellos. Evita, en definitiva, facilitarle el arte de complicarte la vida. Ellos son unos maestros en ello y ya verás que encontrarán cómo hacerlo sin tu sabia colaboración.

 


SABER DECIR NO

Es normal que un niño quiera probarlo todo. Tal vez pruebe a regar las plantas con cocacola. En este momento hay que saberle decir que esto no debe hacerlo. Esta comunicación será firme, y no admitirá discusión alguna. Pero luego, se le explicarán los motivos por los que no puede hacerlo.

 


NO SOIS COLEGAS

La educación de los hijos ha pasado en pocos años de una disciplina militar, en la que las cosas se explicaban a tortazo limpio, a ser el colegui más guai y chachipiruli del mundo. No eres el amigo de tu hijo. Los amigos se eligen y tú no estás en su lista. Por eso, cuando la ira del hijo le hace arrojar un vaso de cristal al suelo, tu no deberás encubrirlo sino explicarle que lo que ha hecho está mal, y, si procede, un castigo proporcional.

cómo poner límites a los hijos

En las primeras etapas de la vida es cuando más importante es saber cómo poner límites a los hijos.

Luego podrás conversar con él sobre el tema y, después de transmitirle que no le das opción para que se repita, preguntarle los motivos y explicarle las consecuencias que habría si todos hiciéramos lo mismo. Déjale hablar desde la comprensión, pero sin traspasar ni rozar tu firmeza. Tal vez debas decirle que comprarás otro vaso con el dinero que tenías para un rico helado de chocolate.



EL RINCÓN DE PENSAR

Como te decía, antes se aprendía a base de hostias. Era uno mismo el que tenía que deducir por dónde le habían llegado y exactamente por qué. No es buen método. Pero tampoco que el niño sea ajeno a las consecuencias de sus actos.

Si se ha portado mal, recibirá un pequeño castigo. Cada cual puede diseñar su propia tabla de castigos y la cantidad a aplicar según el acto y las circunstancias. Por ejemplo, si el niño ha roto la lámpara del comedor con la pelotita, tal vez un par de días sin pelota (ni fuera ni dentro) le convencerán para que desista de su actitud. Tal vez quedarse sin sus dibujos animados favoritos, tal vez sentarle en una silla de meditación durante unos minutos.

El caso es que debe entender que todo acto, bueno o malo, tiene consecuencias. Pero sin gritos, sin pegarle, sin insultarle ni humillarle.

 


SIN MALTRATAR

También, como te decía antes, debe evitarse la violencia de todo tipo. Al final, los hijos hacen lo que ven en los padres. Y si éstos gritan y pegan, ellos harán lo mismo. Y maltratarán tal y como han sido maltratados. Por tanto, no solamente se consiguen mejores resultados sin violencia sino que, además, harás de tus hijos mejores personas.

 


NO EMITAS JUICIOS SOBRE TUS HIJOS

Si tu hijo ha tirado una maceta por el balcón, no debes decirle que es un desastre de persona, que es un homicida, que te sientes avergonzado de haberle concebido, etc. No le juzgues ni le califiques. Juzga, sin embargo, sus actos. El hecho de arrojar una maceta por el balcón no es admitido en tu casa, cosa que debes dejarlo claro. Y, explicarle además, que puede hacer mucho daño si alguien hubiera pasado abajo.

Las palabras se graban y pueden hacer mucho daño. Y, al final, se cumplen. Por eso, juzga sus actos, explica sus consecuencias, aplica (o no) un castigo y, al final, el niño habrá aprendido algo.

 


AUTONOMÍA

Poco a poco, los pequeñines tienen que ser capaces de decidir sobre sus pequeños asuntos. Así, llegarán a la independencia emocional. Vigilando sus decisiones, corrigiéndolas si están equivocadas, discutiendo sus puntos de vista y, negándolas si perjudican de algún modo, tus hijos irán aprendiendo a valerse por ellos mismos, razón por la cual estás tú ahora con ellos. Al final, los leones hacen lo mismo con sus cachorritos: conviven con ellos un par de años hasta que, por imitación, harán lo mismo que sus padres y ya no les necesitarán. Les dejarás cierta autonomía. Pero tú, al igual que los leones, pondrás las normas.

 


LAS PATALETAS

En ocasiones, el niño opta por el chantaje para conseguir lo que quiere: o me das lo que quiero o te monto un pollo. A menudo consiguen sacar de sus casillas a los padres. Y si lo consiguen, están ganando la partida y patentarán métodos más sofisticados para ser quienes dirijan el cotarro.

Si cedes, has perdido una larga partida. Ante la pataleta puedes optar por hacer caso omiso y esperar a que se canse. Una vez se quede sin fuerza, cosa que tarde o temprano llegará, se le comunicará al rebelde que no sólo no ha conseguido lo que quería sino que, además, ha conseguido ponerte tan nervioso que se te han quitado las ganas de salir al parque para que juegue (eso es mala uva, pero suele funcionar).

Hay que dejarle claro que en la familia, desde los años del diluvio universal, nadie jamás obtuvo nada con las pataletas. Que el método está anticuado y que no tiene sentido. Además, puedes hablar con él sobre el tema que lo ha llevado a montar un espectáculo para conseguir un helado. Montar una pataleta es hacer el ridículo: que lo sepa.

 


NO ACTUAR EN CALIENTE

Tendríamos que ser los padres quienes domináramos siempre la situación. Pero eso no es así siempre porque, por suerte, nuestros hijos son muy listos y saben cómo conseguir ponernos realmente histéricos.
Por eso, ante la provocación, mejor unas cuantas respiraciones profundas, pensar sobre el tema, no ceder, aplicar (o no) un correctivo apropiado, y explicar los motivos por los cuales no vas a tolerar comportamientos inadecuados como el que te ha puesto a cien por hora.

Si actúas bajo los efectos del calentamiento, ni serás justo, ni dirás las cosas adecuadas. Además, el niño no entenderá nada y puede que detecte tus puntos débiles para aprovecharlos en un futuro.

 


EL NIÑO DEBE ENTENDER

En todos los casos, el niño debe ir aprendiendo los motivos por los que se le aplican unos límites, por los que unas cosas pueden hacerse y otras no, por qué ha sido castigado, etc. Cuando se castiga sin motivos, cuando se le permiten a veces cosas que le han sido negadas otras veces, cuando se genera confusión, cuando no entiende, etc., no lo estamos ayudando sino al contrario.

Y, en estos casos, tal vez deberíamos ir los padres al rincón de pensar y replantear la situación.

 

 


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