El Grao de Castellón y su historia

Casa semi colonial en el paseo marítimo del Grao de Castellón

Situado a unos 4 kilómetros del centro de Castellón, el Grao es la zona que más cerca está del mar. Se llega, desde Castellón, por dos carreteras (puedes elegir) bordeadas por sus respectivos caminos peatonales y sus carriles para bicicletas: un saludable paseo. 

El centro de Castellón no está cerca del mar. Y eso tiene su explicación. A primera vista no parece lógico renunciar al mar. Pero, si buscamos en el pasado, acabaremos con la misma conclusión que la que encontraron los primeros habitantes de la ciudad. 


UN POCO DE HISTORIA DE EL GRAO

En sus inicios, el Grao era un terreno abundante en humedales que los habitantes del lugar fueron adaptando a sus necesidades para, finalmente, cultivar el terreno, servirse de la naturaleza para alimentarse, y construir unos poblados estables. 

1 – Los Marjales

Los abundantes marjales eran (y son) zonas húmedas y pantanosas que albergan una gran riqueza biológica. Aunque la presión por construir cerca del mar ha hecho que esa abundancia fuera mayor en tiempos pasados. Los marjales suelen situarse muy cerca del mar y, muy a menudo, es éste quien inunda con su agua el terreno. La vegetación es abundante y, en consecuencia, los animales son atraídos por el lugar. 

La fauna autóctona, cada vez más amenazada, es visitada por las aves migratorias que cruzan toda Europa para pasar el invierno en África. Estas zonas privilegiadas, que la naturaleza nos ofrece sin que le prestemos apenas atención, hacen las funciones de área de servicio de las aves que emprenden largos viajes buscando las mejores condiciones de vida posibles. 

La naturaleza se resiste a la voluntad del hombre. A pesar de los esfuerzos por eliminar las zonas húmedas en el Grao, éstas no desaparecen. (Foto propia tomada en diciembre de 2019)

El agua llega de diversas fuentes: aportaciones de los ríos, aguas subterráneas, una lluvia generosa o el propio mar. En algunos marjales, tal vez exista una única y muy concreta aportación de agua, pero en otros puede existir la combinación de todas. 

2 – La Reconquista

La documentación más antigua sobre la zona describe el primer intento de ganar terreno a los humedales en 1.251. Desde Castellón, y con la intención de abrirse camino al Mediterráneo, se construye lo que hoy se conoce como Camino Viejo del Mar llegando al actual Grao. Es mal visto tanto terreno pantanoso y tanta humedad sin poder aprovecharse para el cultivo. El objetivo era conseguir tierra para el cultivo y para construir las viviendas secando los marjales. Además, se asociaba todo lo húmedo a una amenaza contra la salud porque se creía que era a través del agua que se propagaban todas las enfermedades. 

Se fomenta, por tanto, la colonización del lugar reconquistado a los musulmanes por Jaime I el Conquistador. La población consigue ganar terreno tanto a los musulmanes como a los humedales. Pero, aún hoy, éstos últimos se resisten a desaparecer. Y es que las aguas acudían por todas partes: el río Seco se desbordaba a menudo, el agua subterránea era incontrolable, la fuente de la Reina aportaba un resto importante; y las tormentas lo arrasaban todo con cantidades ingentes de agua de mar hacia el interior.

Jaime I arrebata a los musulmanes los territorios levantinos. A partir de ahí, se fomenta a la población la ocupación de los mismos y la producción agrícola, ganadera y artesanal.

Se asienta el primer poblado documentado a partir de ese año 1.251 y empiezan los cultivos, la caza y la pesca en un lugar generoso con el hombre. Con el objetivo de ir robándole tierras al agua, se toma como eje el actual camino Caminás, y se conceden las tierras a derecha e izquierda de este eje principal a todos los que colaboraron expulsando a los árabes de tierras levantinas: caballeros, nobles y clérigos. El camino de La Donación separaba las tierras pantanosas, más cercanas al mar, de las aprovechables para sus habitantes. 

3 – El cultivo de arroz: un delito de alta traición

Fue durante el siglo XIV cuando llegaron los primeros intentos de cultivar arroz en la zona. Pero las contradicciones no lo ponían fácil. Por un lado, la propia población se oponía a cultivar alimentos en el agua por temor a ser contagiada por la malaria. Pero las autoridades veían una fuente de ingresos en el cultivo. Así que los intentos duraron poco y, finalmente, se consiguió que cultivar arroz fuera considerado un grave delito. 

En el siglo XIV empezaron a cultivar arroz en los marjales. Pero las autoridades llegaron a prohibirlo totalmente porque culparon a la planta de propagar la malaria. Siglos después se descubrió que el arroz no tenía nada que ver. Aún así, el arroz apenas tuvo relevancia en el Grao de Castellón. (Foto tomada siglos después)

La propia malaria, unida al paludismo, hicieron estragos en la población hasta tal punto de que los reyes y nobles de la zona consideraron perdonar todo tipo de impuestos hasta que no mejorase la situación. Y, por supuesto, ya a nadie se le ocurriría (por la cuenta que le traía) cultivar arroz. Recalcamos que todo lo relacionado con la humedad era considerado una posible fuente de transmisión de enfermedades que mataba a la gente como a moscas. La población del actual Grao desapareció prácticamente por completo: cultivar arroz era considerado un grave delito de alta traición. 

Y es que se llegó a la conclusión de que era, precisamente, el cultivo de arroz el causante de todas y cada una de las muertes del momento.

3.1 – El arroz, inocente

Incluso los grandes pensadores de la época estaban convencidos de que las enfermedades eran transmitidas por todo aquello que tocase agua. Y, aún más, no cabía ninguna duda de que la sola humedad del ambiente propiciaba la muerte de la población. Pero la cosa iba mucho más allá: se tenía al arroz como el principal propagador de las enfermedades que hacían estragos en la población. Por tanto, decidieron erradicar el arroz del territorio hasta el punto de exterminarlo. Además, el objetivo era secar las zonas mínimamente húmedas.  

Estas medidas tan extremas no consiguieron parar las muertes del lugar. Los nuevos colonos, la gente que había echado sin problemas a los musulmanes de la zona, seguían muriendo como moscas por la malaria. 

Al final, por eliminación, se llegó a la conclusión de que no era el arroz el culpable de propagar una enfermedad tan contagiosa como mortal. Ya no había ni un solo grano de arroz: sólo quedaba una cosa que siempre había estado ahí: el mosquito.

Y sí, efectivamente, era el mosquito el que aprovechaba las zonas encharcadas e insalubres para poner sus huevos y reproducirse a placer. Contagiar a la población lo llevaba en los genes. Y para la población era inevitable ser picada e infectada por los mosquitos.

Hay una sola especie de mosquito que transmite la malaria. Y esa especie se cebó en los territorios levantinos y, especialmente, en zonas húmedas como el Grao.

En realidad, ni los mosquitos podían reproducirse dónde se cultivaba el arroz ni el arroz crecía dónde se ponían los huevos de los mosquitos. Las necesidades de cada especie eran (y son) completamente opuestas: el arroz vive en aguas ricas en oxígeno y cambiantes mientras que el mosquito pone sus huevos en aguas estancadas, con poco oxígeno y que no se renuevan en absoluto.

Aun así, y por si acaso, en el siglo XVI estaba completamente prohibido el cultivo del arroz. Y se optó por un exitoso sustituto: el cáñamo. Con este cambio nació una sólida fuente de ingresos para la población: el cáñamo servía para las cuerdas y cordeles de los barcos hasta el punto de poder exportarlos por toda Europa. La industria del cáñamo llegó hasta el punto de abastecer calzado a los soldados europeos de la primera guerra mundial. 

Pero antes, en la Guerra de Sucesión Española, volvió a coger fuerza el objetivo de secar la mayor parte de zonas húmedas de lugar. Las leyes que se crearon para la labor no llegaron a ser totalmente aplicadas en la práctica por la resistencia de la población. Seguía existiendo la creencia de que todo terreno húmedo era sinónimo de insalubre. 

3.2 – Autorizado, por fin, el cultivo de arroz

A principios del siglo XX llegó la autorización, por parte del ayuntamiento de Castellón, de autorizar el cultivo del arroz. Se constituye la primera comunidad de cultivo de arroz en el Grao: “La Primitiva Arrocera”, que luego dió paso al Sindicato Arrocero que transformará por completo el paisaje. Este sindicato garantizó la suficiente cantidad y calidad del agua necesaria para el cultivo del arroz. Estamos a mitad del siglo XX: han tenido que pasar cientos de años para perdonar al arroz de los crímenes que se le habían imputado. 

A principios del siglo XX nacieron, en el Grao de Castellón, varias asociaciones de arroceros. Pero la iniciativa fue breve.

En los años 70 del pasado siglo XX, la Comunidad de Regantes del Coto Arrocero cuida que el agua necesaria para los cultivadores de arroz sea de la mejor calidad. 

Pero, a partir de ahí, el cultivo del arroz cae en picado por varias circunstancias que, combinadas entre sí, hacen que el ayuntamiento de Castellón siga con el antiguo empeño de desecar la zona. Los cultivos de arroz se hacían cada vez más insostenibles porque ya no había suficiente agua para todos. Los gastos, cada vez más, superaban a los ingresos. El terreno, ya difícil de por sí, tampoco permitía la mecanización, ni de la siembra, ni de la recolección. Además, los hijos de los agricultores optaron por no seguir los pasos de sus padres. 

3.3 – El final del arroz

El estado financió las obras para drenar el terreno y eliminar al máximo las zonas húmedas en el año 1965. El agua fue canalizada y aparecieron nuevos territorios que, en un principio, se utilizaron para el cultivo de frutos y hortalizas y, en definitiva, para cultivar cualquier otra cosa menos penosa de lo que fue el cultivo de arroz en unos terrenos tan adversos. La tierra necesaria para llenar las zonas pantanosas provenía de las pequeñas cimas que, al final, acabaron allanando el terreno.

La década de los 70 del siglo XX cambió el paisaje por completo. La zona se drenó y se utilizó para viviendas. El turismo llegó poco después y la costa se llenó de rascacielos. El Grao es ahora el distrito marítimo de Castellón.

Y apareció un territorio nuevo tocando al mar. Y, claro, eso era algo muy codiciado para quienes querían tomarse el desayuno con el susurro del mar de fondo. Muchos agricultores abandonaron sus cosechas para vender sus parcelas. Otros, probaron algo nuevo: el cultivo del algodón. 

Fue un regalo envenenado para quienes se decidieron por probarlo. Las primeras cosechas fueron un gran éxito económico. Pero, como no podía ser tan bonito, pronto salieron complicaciones. Resultó que el algodón atrajo unas orugas en tal cantidad que se convirtieron en plaga al poco tiempo. No había manera de deshacerse de ella hasta que se decidió atacarlas con DDT. El éxito del DDT fue tan abrumador que no sólo se extinguieron las orugas, sino que acabaron con la mayoría de los animales que habitaban el lugar: un desastre que ha sido un modelo de cómo no hay que hacer las cosas. 

Finalmente, la década de los 70 dio lugar al boom inmobiliario, a aprovechar para el ocio la posibilidad de vivir tan cerca del mar como era posible. Todos estos cambios dan lugar a un nuevo barrio marítimo de Castellón, nacido de las tierras ganadas al agua. 

Y así, con el intento de entender un poco la historia del lugar, entenderemos el motivo por el cual el centro de Castellón no está tocando al mar. El motivo es simple: dónde hoy podemos encontrar el Grao de Castellón, tan sólo había agua y barro. Eso sí: había naturaleza en estado puro hasta que se hizo todo lo posible por echarla.


EL LUGAR EN LA ACTUALIDAD

Una vez en el Grao, se accede a unos 8 kilómetros de playa que llegan, por el norte, a Benicàssim. Su puerto marítimo está dividido en zonas: la comercial, la turística, y el Club Náutico. Desde ahí parten embarcaciones hacia las islas Columbretes o siguiendo el perfil de la costa. 

No echarás de menos espacio para pasear y disfrutar. La Plaza del Mar, por ejemplo.

Vista parcial de la Plaza del Mar, en el puerto marítimo del Grao.

es una amplísima zona que alberga  una gran variedad de restaurantes en los que se disfruta del arroz de verdad. Y ya, en dirección a Benicàssim, encontraremos el Pinar de Castellón de la Plana.

1 – El parque del Pinar

Alberga un importante valor ecológico aún formando parte de una ciudad como es Castellón. Con una extensión de algo más de 120.000 metros cuadrados, en su momento sirvió para proteger los cultivos del los caprichosos movimientos de las dunas. También sirvió durante mucho tiempo para abastecer, con la madera de sus pinos, la construcción de las ya desaparecidas barracas del lugar.

El Parque del Pinar es un extenso espacio que se ha convertido en punto de reunión para el ocio familiar.

El pino carrasco alberga una vegetación (además de los pinos, hay matorrales, setas, e incluso una extensa pradera) que atrae a numerosas especies de aves. Algunas viven ahí, otras están de paso. Entre todas ellas, las abubillas, los autillos, los mochuelos, los jilgueros y las omnipresentes palomas. Saltando de pino en pino, se buscan la vida las ardillas.

En este parque se realizan actividades lúdicas y deportivas variadas. Por ejemplo, puedes practicar el golf en el campo albergado en la zona. También está habilitado un espacio para disfrutar del arroz o de una barbacoa al aire libre. Por supuesto, es un lugar ideal para correr o, simplemente, caminar y respirar aire puro. 

1.1 – El Chorlitejo Patinegro

Es una pequeña ave que mide unos 15 cm. de largo y unos 42 cm. de envergadura. Puede vivir en el interior, pero en la playa construye sus nidos formando una pequeña depresión en la arena y que forra con conchas. Los nidos suelen albergar dos o tres huevos. Tanto estos huevos como los polluelos que saldrán están perfectamente mimetizados con el terreno. 

El chorlitejo patinegro ha elegido las playas de Castellón como domicilio habitual.

Su hábitat natural se encuentra en las costas arenosas, marismas y lagunas de aguas salobres. Se alimenta, en estas playas, de lombrices, moluscos y pequeños crustáceos. Si vive alejado del mar, su menú está formado por insectos, larvas, moscas o cualquier invertebrado que se encuentre a su alcance y posibilidades. 

Nidifica entre abril y agosto, pone de 2 a 3 huevos y está protegido por las comunidades autónomas que ha elegido para vivir. 

2 – La Playa del Serradal

Entre la desembocadura del Río Seco y Benicàssim está situada la Playa del Serradal. Entre la carretera y esta playa se puede disfrutar de un generoso y cómodo tramo de paseo marítimo. Es una zona de la naturaleza protegida que, al mismo tiempo, es fácilmente asequible para el visitante.

Playa del Serradal en el Grao de Castellón. No en todos los tramos de playa está permitido su uso turístico. Hay zonas protegidas porque son el hábitat natural de algunas aves, y otras porque se protegen las dunas. Aún así, el visitante puede admirar todo el paisaje a través de caminos señalizados.

Por una parte, podrás contemplar un paisaje con dunas. Algunas cambian su situación con el tiempo. Otras, solamente su forma. Es posible ver un paisaje diferente cada vez que pases. Pero hay otro motivo para que esta zona esté protegida: la fauna. El Chorlitejo Patinegro ha elegido esta playa para plantar sus nidos. 

3 – Las Islas Columbretes

A unos 56 kilómetros de la costa podemos disfrutar de uno de los lugares de mayor interés ecológico del mediterráneo: las Islas Columbretes. A pesar de la distancia, son parte del término municipal de Castellón desde 1.955. Su nombre viene de los primeros en descubrirlas, que fueron los navegantes griegos y romanos. Vieron un montón de serpientes en este pequeño archipiélago. Las llamaron Colubraria. Más tarde, los íberos bautizaron a estas islas con el nombre de Moncolobrer, que significa “monte de culebras”.

La Illa Grossa (Isla Grande) es la única habitada en la actualidad. El resto de islas son tan rocosas que no permiten una estancia cómoda. Tiene una superficie de unas 14 hectáreas. (Foto wikipedia.org)

Hasta principios del siglo XIX, sólo se atrevían a visitarlas los pescadores. Eso, cuando no había ni piratas, contrabandistas u otros amigos de la otra cara de la ley.

3.1 – Eliminando serpientes

A pesar de la belleza natural del lugar, habitar allí no era de lo más codiciado. Las culebras estaban acompañadas por víboras y escorpiones: una molestia. Se tomó la sabia decisión de que esos seres no debían estar ahí.

Así que se llevaron a cabo diversas medidas para dejar las islas sin el menor rastro de estos seres tan poco simpáticos con el ser humano. Se contó con la mano de obra más barata que se pudo encontrar. Y empezaron a eliminar a las serpientes del lugar, aunque éstas tenían unos planes muy distintos. Más tarde, se llevaron a presos para animarlos a acortar sus condenas a cambio de matar serpientes e insectos.

Como complemento, cientos de  gallinas y cerdos fueron llevados de turismo hacia las islas con el fin de complicar la vida, hasta hacerla insoportable, a los primitivos habitantes del archipiélago.

Pero el asunto no era tan fácil como se pensaba. Así que, al final, salió un iluminado que se topó con una brillantísima idea: decidieron incendiar todas las islas hasta que no quedara rastro de vida en ellas. El ser humano, una vez más, aportando su granito de arena a un mundo mejor. 

3.2 – El Faro

Una vez se consiguió eliminar toda suerte de problemas, había que construir un faro en la mayor de las islas, a la que llamaron “Isla Grossa” (algo así como “isla grande” o “isla gruesa”). Se invitaron a 4 familias para que lo construyeran y se quedaran para su mantenimiento. Pero, al final, la mayoría decidió que el lugar era poco divertido. Se dieron la vuelta hacia la península y dejaron solas a dos personas al cargo de todo.

El Faro de la Illa Grossa. En un principio se encargaron de su funcionamiento unas pocas familias que vivían en la isla. En la actualidad, todo está automatizado y alimentado con energía solar.

Esas dos personas eran sustituidas por otras dos cada 3 meses, aproximadamente. Sus tareas consistían en cuidar del faro, cultivar lo máximo para poder comer, y recoger datos del lugar para su posterior estudio. Recibían provisiones cada dos semanas desde Castellón (siempre que el mal tiempo no lo impidiera.

3.3 – Reserva Natural Protegida

¿Protegida? ¿De qué, de quién? Naturalmente del hombre. Un entorno así es admirable mientras el hombre no ponga sus zarpas encima. A partir de 1.955, cuando este archipiélago formó parte del término municipal de Castellón, toda la zona sufrió el mayor ataque de su historia: la incultura humana.

Y empezaron a pescar como si se acabara el mundo, a arrasar los arrecifes de coral, a dejar las islas sin aves, y a destrozar el fondo marino para que jamás volviera a vivir nada en él.

Por si fuera poco, los militares utilizaron estas pequeñas islas para “entrenarse” a matar. Aún hoy pueden encontrarse restos de proyectiles del disparate militar.

3.4 – Declarado Parque Natural en 1.988

Menos mal que, al final, viendo el desastre cometido, el gobierno autonómico decide proteger la zona de sú única amenaza: el ser humano. Y las islas Columbretes son declaradas un parque natural. Además, un par de años después, se protege la zona marina, declarando una Reserva Marina de unas 4.000 hectáreas.

La Isla Horadada o Isla Ferrer es una de las islas grandes del archipiélago de las Columbretes. No es extraño que fueran el punto base elegido por los piratas de unos pocos siglos atrás. (Foto Flickr)

Al final, las islas Columbretes ha sido declarada como una Reserva Natural protegida en todos sus ámbitos: las aves que han decidido volver, el fondo del mar, e incluso su vegetación.

Por otro lado, se han catalogado unas 10 especies de insectos endémicos. Es, por definición, un entorno admirable que debe ser eso: admirado y respetado.

3.5 – Visita turística a la Illa Grossa

Sólo hay una sola isla habitada, que es la que puede visitar el turista en un itinerario guiado. Una vez se llega al puerto de la isla, unas escaleras conducen hacia el faro y hacia el Centro de Visitantes. Éstos disfrutarán de una exposición llena de referencias al entorno natural y a su historia. Es una zona volcánica llena de vegetación y animales. Los más fáciles de ver son, sin duda, las aves marinas. Las serpientes, ya no. 

En la actualidad, estas islas están dedicadas al turismo. En teoría, sólo se permiten visitas guiadas a la Isla Grande. Toda la zona es un verdadero paraiso para la fauna y flora, tanto terrestre como del mar. (Foto Flickr)

3.6 – Un paraíso bajo las aguas

Si bien es más que justificado un viaje por mar de 56 kilómetros para ver las islas, su mejor atractivo es lo que no se ve al llegar. Y es que habría que sumergirse en las aguas del Mediterráneo para sentirse un privilegiado, admirando la reserva marina que, por pura suerte (y porque ha ganado el sentido común), se conserva.

Uno de los atractivos de las Islas Columbretes reside en las aguas que las rodean. (Foto Barracudabuceo)

4 – El Parque del Litoral

Contiene un agradable paseo de unos 1.800 metros que discurre, acercándose a veces más y otras menos, paralelo al mar.

Este paseo está perfectamente diseñado para ser disfrutado con toda la comodidad posible, pensando en las personas que no estén pasando por su mejor momento físico. Y diseñado para proteger el medio ambiente. Como hemos comentado antes, las dunas, la fauna y la flora del lugar son unos pequeños tesoros que deben protegerse con exquisito cuidado.

Para combinarlo todo (que las personas puedan ver un lugar sin que éste quede afectado) se ha trazado un recorrido a través del cual se pueden apreciar las siempre cambiantes dunas de arena y las zonas protegidas de la playa. En el camino se indica el lugar preciso para el acceso libre a las mismas.

El Parque del Litoral del Grao de Castellón está pensado para que todas las especies, perros incluidos, disfruten al máximo. (Foto propia)

Lejos de contar con un acceso difícil, a este parque se puede llegar cómodamente en transporte público. También hay zonas para aparcar el coche (aunque en verano no sabemos si sobran muchas plazas) e incluso un aparcamiento para autocaravanas.

Además de un relajante paseo, a lo largo del parque encontrarás zonas de ocio. Incluso hay una playa para tu perro.

5 – El Planetari

Inaugurado en mayo de 1.991, está situado entre la zona del Pinar y el Paseo Marítimo del Grao. Es un lugar de divulgación de ciencia que procura acercarla al público de la forma más amena posible. Por eso es normal que el Planetari configure un denso calendario de actividades enfocadas tanto a familias como a escolares y a los interesados en la ciencia y la astronomía.

Entre sus objetivos no sólo está la divulgación de la astronomía. La Naturaleza, la Ciencia, la Arqueología e incluso la Historia forman parte de su temática predilecta.

A través del Paque del Litoral se llega al Planetari. Un lugar idea no sólo para los amantes de la astronomía sino para quienes sienten curiosidad por la historia y la ciencia en general. (Foto Wikipedia.org)

El interior del Planetari está compuesto por diversos espacios. Por ejemplo, sala de conferencias, salas de exposiciones, e incluso un espacio dedicado a las Islas Columbretes.

En el semisótano de esta peculiar edificación están ubicadas varias salas de exposiciones que conducen a la atractiva sala de proyecciones. Aquí se podrán disfrutar de espectaculares efectos que nos acercarán a otras zonas del Universo.

Se ha convertido en un centro privilegiado de observación de fenómenos astrológicos como los eclipses o la lluvia de estrellas.

6 – El Desierto de las Palmas

Es una zona que comparten cinco poblaciones de la provincia de Castellón: la propia ciudad de Castellón, Benicàssim, La Pobla Tornesa, Borriol y Cabanes. 

Si se le ha denominado “desierto” ha sido porque, los religiosos que habitaban el lugar, denominan “desierto” a todo sitio aislado de la civilización. Esos desiertos han permitido un alejamiento espiritual que no se consigue en los entornos urbanos. La segunda parte del nombre, “Las Palmas”, viene de una de las plantas más abundantes del enclave: el palmito. 

En octubre de 1.989, esta zona de casi 3.300 hectáreas fue declarada paraje natural por el gobierno autonómico valenciano. Sufrió varios incendios, siendo uno de los más importantes el ocurrido en 1.992, que arrasó prácticamente todo el lugar. Por este motivo, aún se encuentra en proceso de regeneración.

Monasterio Carmelita en el desierto de Las Palmas, en la provincia de Castellón. (Foto wikipedia.org)

Por si la propia naturaleza se queda corta, en esta zona se pueden visitar sitios de indudable atractivo histórico, como el castillo de Montornés, la ermita de Les Santes, la ermita de la Magdalena o el castillo de Miravet. 

6.1 – La fauna del lugar

Sorprende que en un “desierto” pueda encontrarse tanta variedad de animales. Encontraríamos (de ser uno lo suficientemente hábil) reptiles como el sapo partero y sus primos, el sapo corredor y el sapo común. También a un pariente no muy lejano de todos ellos: la rana común. No está nada mal para empezar. 

Pero luego nos encontraríamos a los reptiles. Y entre éstos, las serpientes: la culebra bastarda, la culebra lisa, la culebra de escalera y la culebra de herradura. Estas serpientes están acompañadas por lagartijas, lagartos y el particular eslizón ibérico.

El jabalí es una de las centenares de especies que viven en el desierto de Las Palmas, en Castellón. A veces se reproduce tanto que organizan cacerías. (Foto wikipedia.org)

Todo eso, incluida la vegetación, atrae a otra gran familia de animalicos: las aves. Hay más de 100 especies distintas intentando un equilibrio natural en la zona. Abundan las rapaces, tanto diurnas como nocturnas: el águila perdicera, el cernícalo, el halcón peregrino y el gavilán hacen el turno de día. Por la noche salen el mochuelo, la lechuza, el autillo y el búho, que es el que mejor se fija en la situación.

Todo el entorno guarda su equilibrio mientras el ser humano se mantenga al margen. Así, para que las aves cazadoras se sientan a gusto en el lugar, hace falta que otras aves pasen por allí. Entre las que no se dedican a la caza están las perdices o las palomas. Y otras especies, como el cuervo, el chochín, o el piquituerto. Aunque, como decíamos, hay muchas más. 

Los mamíferos también se han hecho su lugar. Los murciélagos sólo salen de noche. Otros, cuando pueden: la garduña, la gineta,  el tejón, la comadreja, el conejo, el zorro, el jabalí, la ardilla o el erizo. Como puedes ver, hay mucho habitante para ser un desierto.  

6.2 – La vegateción

Y es que, para ser un desierto, la vegetación que se puede admirar es abundante y variada. Los pinos (el rodeno y el carrasco) ocupan una pequeña parte del desierto. Los arbustos pueblan el resto del terreno. Entre éstos, se puede encontrar el brezo, el enebro, el madroño y, como no, el palmito. Y ya, como plantas más pequeñas, sin renunciar a su carácter mediterráneo, el romero, el tomillo, o la jara.

7 – La Lonja

Ahora volvamos a acercarnos al mar. El puerto del Grao tiene destinados algo más de 3.000 metros cuadrados a su lonja. Ha sido totalmente modernizada desde el año 1.990. Actualmente, es posible asistir a las subastas de pescado de forma telemática. Los pescadores del Grao aportan, principalmente, rape, pescadilla, salmonete, pulpo, calamar o sepia. La pesca tarda muy poco en acabar en los restaurantes cercanos al puerto. Éstos,  ofrecen al visitante uno de los atractivos más espectacular del Grao: su gastronomía. 

7.1 – Visita guiada

Se han organizado visitas guiadas a la Lonja los lunes, miércoles y viernes en grupos reducidos de entre 5 a 20 personas. Los ávidos de curiosidad pueden presenciar, en vivo y en directo, cómo se subasta el pescado que ha llegado del mar.

Uno de los atractivos de visitar la Lonja de el Grao de Castellón es ver pasar el pescado recién capturado y ver cómo se establecen los precios.

Comienza en el Bar de la Lonja. Los visitantes son atendidos por un representante de la Cofradía de Pescadores de Sant Pere. La visita dura unos 90 minutos y comienza a las 9h de la mañana o a las 16h de la tarde. La entrada tiene un coste de 10 €. El principal atractivo consiste en ver pasar, en una especie de cinta circular, diversas cajas llenas de pescado. Según la oferta y la demanda, se fija el máximo precio al que está dispuesto a pagar el afortunado comprador.

Después, se puede ver cómo los pescadores descargan sus capturas, así como la variedad de barcos que utilizan. Antes de una degustación de un pescado, cuya frescura nadie pondrá en duda, se proyecta un vídeo.  

BREVE ESCAPADA A EL GRAO

Hay veces que preparamos un pequeño viaje al detalle, mientras que otras, no. Nos gusta callejear, observar, dejarnos guiar por la gente. No nos exigimos otra cosa que pausar el tiempo disfrutando de sencillos paseos. No hay ansiedad por ver lo máximo posible. Y, claro, a veces nos equivocamos al entrar en un mal restaurante. Pero otras acertamos de pleno. Muchas veces, muchísimas veces, la gente sabe más que Google. Y otras, aunque las menos, el instinto, también le señala a uno el camino que debe tomar. 

Permíteme, amigo lector, mostrarte en unas pocas fotos nuestra breve y tranquila estancia invernal en este rincón de la costa levantina. 

No ponemos la de los lugares porque las hay a centenares.

En el hotel NH de el Grao. Nos trataron con mucho cariño y todo estaba perfecto. 
Hay un mercadillo, los viernes, en el que la calidad y el buen precio de los productos se dan la mano. 
Intentamos buscar, en vano, un sitio en el que se comiera mal. Sólo por el gusto de cambiar. Estos sencillos mejillones estaban deliciosos. Desaparecieron del plato en un instante. Estábamos en el Restaurante Arrocería Ca La Mary, tocando al puerto.
¿Cómo dirías que estaba este arroz? 
Curioso jardín. Esta casa la encontramos paseando por la carretera que une El Grao con el Centro de Castellón.
Naranjas en pleno centro urbano. No se puede pedir más.
Unas kokotxas que quitaban todos los sentidos. Las comimos en Casa Lola. Recomendamos no salir de El Grao sin pasar por este restaurante
Casi se nos prohíbe salir del restaurante sin probarlo. Tampoco opusimos mucha resistencia.
Al fondo, la Parroquia de San Pedro. De espaldas, el Mediterráneo.
Es curioso este «comedor de obreros». Se supone que hace referencias históricas. Pero no suena bien: «comedor de blancos», «comedor de negros», «comedor de gente acomodada»… No sé no sé…