Mascotas humanizadas

Al paso que vamos, lograremos transformar a nuestras mascotas en humanitos. Y es porque les integramos en nuestras costumbres, tradiciones y, en definitiva, llegamos a considerarlos uno más de la familia.

Los animales de compañía, especialmente los perros, ya son un componente más. Y ellos, los animales, responden dándolo todo por el humano que lo acoge. Son fieles: no te traicionaran nunca, no te abandonaran nunca. Son los compañeros ideales porque te dan cariño sin esperar nada a cambio .

UNO MÁS DE LA FAMILIA. Por eso es comprensible que se traten a esos simpáticos animales casi tan bien como a un hijo, celebrando su cumpleaños, llevándolo al veterinario si observamos un estornudo más de la cuenta, y sufriendo cuando los vemos sufrir. Incluso los enterramos y guardamos su memoria del mismo modo que si de una persona se tratara.

RESPONSABILIDAD. Antes de tener una mascota hay que ser responsable de sus cuidados y necesidades. No se pueden tener para luego no cubrir sus necesidades más básicas. También queda de lo más ruin abandonarlos si ya nos cansan, sobre todo a los perros porque ellos no lo harían jamás.

EL AFECTO INCONDICIONAL. Desde luego, algunos animales ofrecen algo que las personas nunca seremos capaces de dar: el afecto sin condiciones. No importa si estamos de mal humor, si les tratamos desconsideradamente, o incluso si los castigamos. Cuando nos acerquemos a ellos, nos mostrarán toda su alegría por vernos de nuevo. Por eso son tan apreciadas las mascotas.

 

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NO SE ENFADAN, NO CRITICAN. Y claro, así cualquiera. Hagamos lo que hagamos, les parecerá bien. No hay reproches, malos rollos, malos tratos, chantajes, represalias. No criticarán jamás que pongas los pies en la mesa mientras comes. Es algo que, de vez en cuando, todos necesitamos (el que no nos critiquen, y también poner alguna vez los pies sobre la mesa sin estar pendientes de que nos riñan). Es una razón más para no concebir nuestras vidas sin una alegre mascota.

LAS FAMILIA SE DISPERSA. En una familia tradicional moderna cada uno va por su lado y «va a su bola». Los hijos se sumergen en el teléfono móvil y están más tranquilos en su habitación. Uno quiere ver la película, otro pasear. Y, al final, no hay apenas momentos en que la familia se comporte como tal: son un conjunto de personas que duermen bajo el mismo techo. Los padres tienen obligaciones, los hijos derechos, y poca cosa más. Por eso, los animales, que nunca niegan su compañía, restauran un equilibrio amenazado por los nuevos tiempos y las nuevas modas.

NUEVOS SERVICIOS. Y así, con la humanización de una mascota, nacen servicios derivados de los que habitualmente usamos las personas: hoteles, peluquerías, restaurantes, guarderías e incluso entierros a medida. Por supuesto, tampoco faltan productos. Los hay a miles: gorros, camisetas, gafas de sol, juguetes, etc. Existen tiendas online con miles de productos para tu mascota, de los cuales una gran cantidad son «complementos de moda».  

 

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HÉROES DEL CINE Y DE YOUTUBE. El cariño hacia los animales (al igual que su maltrato sistemático) no viene de ahora. Delfines, caballos y perros han sido los que más papeles de protagonista han copado tanto en series de larga duración, como en películas. Los vídeos de Youtube en los que aparecen animales también son los más solicitados. Últimamente los gatos parecen resurgir de su individualismo y comienzan a humanizarse y por eso hay tantos vídeos gatunos.

¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES? Tal vez baste con no hacer pasar ni a los animales ni a las personas que los rodean por el sufrimiento. Si podemos inventarnos ahora mismo el término «dignidad animal», los límites quedarían fijados en que los animales siempre deben vivir con la dignidad propia de su especie. Pero claro, esto puede chocar con la convivencia humana. Si queremos tener un perrito, lo esterilizamos para que no nos llene la casa de perritos más pequeñitos, negándole así su derecho a procrear. También podemos preguntarnos si es sensato que un pájaro viva el resto de sus días en apenas medio metro cuadrado de jaula; lo mismo pasa con los peces. Y aunque es posible que no sufran en absoluto, tampoco está claro que no sea así. Lo que está fuera de toda duda es que un pájaro disfruta volando. Eso sí: con los humanos estará a salvo de sus depredadores.

CONTRADICCIÓN HUMANA. El creciente amor hacia los animales contrasta con el maltrato que sufren los que nos sirven de alimento: vacas que permanecen toda su vida atadas a una cuerda de medio metro, pollos hacinados en condiciones lamentables, métodos que mejor no conozcamos para pasar de la granja al plato, delfines masacrados en las bahías, tiburones arrojados vivos al mar después de haberles cortado las aletas… Deberíamos extender algo de este amor a una exigencia incondicional sobre un trato digno hacia los animales en todos los ámbitos en los que el hombre interviene con ellos.

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