Actitud ante las adversidades

No es lo que ocurre a nuestro alrededor lo que nos hace sentir felices o desgraciados, sino lo que pensamos y sentimos al respecto. Un mismo hecho puede resultar agradable para uno y ser insoportable para otro.

No podemos controlar todos los acontecimientos que nos conciernen. Puede haber una huelga de pilotos cuando, por fin, y después de ahorrar durante años, nos disponemos a hacer el viaje de nuestra vida. Muchas veces, las cosas no suceden de la forma que esperamos; es imprescindible saber manejar los momentos desfavorables porque éstos forman, y seguirán formando, parte de nuestras vidas.

Toda situación tiene algo de positivo. El primer paso ante una situación adversa es considerar todo aquello que tenga de positivo. Tal vez hayamos aprendido algo para una próxima ocasión, tal vez la próxima vez no nos dañe tanto. O tal vez se nos abran las puertas a otras opciones mucho mejores. Posiblemente, en el próximo viaje contratemos un seguro de cancelación. Se obtiene más beneficio centrándose en lo bueno que en lo negativo, caso este último que tiene fuertes componentes autodestructivos.

Toda situación es mejorable. Ver las cosas de una forma negativa («no sirvo para nada, todo me sale mal, no me merecía ese fantástico viaje») destruye la posibilidad de sentirse feliz, impide que logremos nuestros objetivos y anula toda confianza en nosotros mismos. Sin embargo, darle «la vuelta a la tortilla», es decir, preguntarse que es lo que se puede o se podía haber hecho mejor, nos sitúa en una actitud distinta, con la mente apuntando a un objetivo que tiene pocas posibilidades, por no decir ninguna, de escaparse. Por tanto, en lugar de centrarse en «¿qué es lo que he hecho mal?», mucho mejor preguntarse «¿qué es lo que debo mejorar?». Luego, centrarse en ello.

Actuar para mejorar la situación. Una vez encajado el golpe de la mejor manera posible, lo adecuado es tomar aire, intentar relajarse, y pensar (y escribir a modo de guía rápida) las acciones que nos sacarán del apuro. De nada sirve lamentarse una y otra vez o culpabilizar a otros, o a nuestra mala suerte, sobre lo ocurrido. Lo ocurrido ya ha ocurrido. Una vez diseñado nuestro pequeño plan de actuación, hay que ponerlo en marcha sin retraso y, si procede, adaptarlo según los resultados obtenidos. Todo puede mejorarse, no hay que olvidarlo.

El pensamiento. Lo que pienses de lo que te está pasando, o incluso de lo que te pueda pasar, es lo que te hará sentir bien o mal. Si sabes controlar el pensamiento, controlarás buena parte de tu bienestar. A veces damos a las cosas más importancia de la que se merecen y no sabemos apreciar como se merecen las cosas más importantes.

 

FOTO:  Gémes Sándor/SzomSzed – http://szegedma.hu/hir/szeged/2015/08/migransok-szazai-ozonlenek-roszkerol-szegedre.html, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42990919

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